La creacion
Dios, en su soberanía, creó los cielos, la tierra, el mar y todo lo que existe. Como sello de su creación, creó al hombre a su imagen, conforme a su semejanza, dándole autoridad sobre todo ser viviente.
En el Edén, le dio la tarea de cuidar el huerto como su habitad, donde se encontraba la presencia de Dios como la fuente misma de su vida.
La caída del hombre
Adán y Eva escogieron desobedecer, dejándose llevar por el deseo de ser como Dios, perdiendo su autoridad y quedando separados de su presencia al ser expulsados del Eden.
Desde entonces, el pecado tomó control del corazón del hombre, llevándolo a rebelarse contra su Creador. Esto trajo como consecuencia sufrimiento, dolor y muerte para toda la creación.
¿Qué es pecado?
El pecado trajo miedo y vergüenza. Adán y Eva, que antes vivían en comunión con Dios, después de pecar se escondieron. Cuando Él llamó: «¿Dónde estás?», Adán respondió: «Te oi en el huerto, y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí» (Génesis 3:10).
También nosotros tendemos a alejarnos de Dios, cuando el pecado ocupa nuestro corazón.
¿Cómo trató Dios con el pecado?
Desde el principio, Dios mostró la via de redención al aceptar la ofrenda de Abel, quien presentó la vida de un animal, y no aceptar la ofrenda de Caín, que ofreció solo frutos de la tierra.
Más adelante Dios estableció la ley, donde el adorador debía entregar la vida de un animal para acercarse a Él. Este intercambio de vida solo cubría el pecado, mostrando que el hombre necesitaba un semejante que lo redimiera.
Por lo cual, al entrar Él en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no has querido, pero cuerpo has preparado para Mí; En Holocaustos y sacrificios por el pecado no te has complacido. Entonces dije: «Aquí estoy, Yo he venido para hacer, oh Dios, Tu voluntad… Él quita lo primero para establecer lo segundo. Por esa voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida una vez para siempre. (Hebreos 10:5-8).
Jesucristo, el cordero de Dios
Juan dio testimonio de Jesús cuando vio descender sobre Él el Espiritu santo, en el momento de su bautismo. (Juan 1:32)
Al día siguiente, Juan vio a Jesus que venía hacia Él, y dijo: «¡He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1:29).
La Biblia dice: Asi que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesus participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14)
Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él. (2 Cor 5:21.)
Jesús tomó tu lugar: el justo murió por los injustos para llevarte a Dios.
